Las grandes aventuras del viaje a Curitiba y la ansiedad por contarlas, me llevaron a dejar relegado otro viaje que hicimos, esta vez más cerquita y más cortito: Aracajú.

Separan a Salvador de la capital del Estado de Sergipe sólo 4 horas de colectivo o menos de 50 minutos de vuelo. Estuvimos muy cerca de comprar pasajes de ómnibus para ir, pero cuando buscamos precios de pasajes aéreos, vimos que salía 15 reales más y la diferencia en tiempo y cansancio era mucha. Así que volamos para hacer nuestro viaje “Flash” para Aracajú.
El motivo principal del viaje era el casamiento de una pareja de amigos de Elen, Flavio y Marília. Llegamos el sábado a la mañana, desayunamos y fuimos a la playa de Atalaya junto con otros amigos de Elen que estaban hospedados en la misma posada que nosotros y que también habían viajado para el casamiento.

Pasamos parte de la tarde en la playa y nos volvimos al hotel para arreglarnos para el casorio.
El casamiento fue al atardecer en la playa con una luna llena espectacular. Muuy lindo y una gran fiesta!!. Con Elen no nos quedamos hasta muy tarde porque habíamos contratado una visita al valle del río San Francisco o “Xingó” muy temprano el domingo.
Dormimos lo que pudimos, nos levantamos tempranísimo y salimos de paseo con nuestro guía turístico local que a duras penas conseguía hablar correcto en portugués. Mirá que para que yo me de cuenta de que el tipo hablaba mal, tenía que hablar muy mal, pero lo pero de todo es que hablaba mal y mucho!! Jeje. Pero bueh, un detallecito, oídos sordos y a disfrutar del viaje.
El San Francisco es un río bastante caudaloso de mucha importancia turística y económica en la región. Hay una central hidroeléctrica de mas de 3.000.000 KW (entre las 10 mayores de Brasil) y proyectos de irrigación para el cultivo en la árida región del nordeste brasilero.

En relación al turismo, el paseo consiste en subirse a un catamarán que te lleva por la represa río arriba navegando por la parte encajonada del río, como si fueran cañones (tipo cañón del colorado pero mas chico). El destino final del paseo es un área con unos 15 metros de profundidad donde se puede dar un chapuzón en el agua y pasear en barquitos a remo.
Volvimos de noche ya a la posada, comimos unas tapiocas (Típicas de la región) mientras nos enterábamos de los terribles terremotos en Chile. Dormimos un poco y de madrugada volvimos a Salvador para agarrar el auto y a laburar derecho.Un viaje corridito, grandes distancias recorridas en poco tiempo, muy lindo.
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